

Tendido de Cristos
San Martín de Hidalgo
Patrimonio Cultural Inmaterial del Estado de Jalisco


Tradición
No ha sido posible definir el origen de esta tradición, porque se carecen de fuentes documentales y orales que proporcionen información para ubicar en una línea de tiempo el momento preciso de cómo surgieron estos Tendidos, es muy probable que haya sido uno de los métodos de evangelización, sin embargo es una manifestación de sincretismo que caracteriza a la sociedad sanmartinense.
Al arribar los franciscanos que venían del Convento de Cocula, encabezados por Fray Miguel de Bolonia (quien en 1531, había iniciado la evangelización de los nativos de este lugar), y para poder llevar a cabo el proceso de evangelización decide reunir a estos grupos en un punto central y neutral, la distancia del asentamiento de los indios del barrio de San Pedro se encontraba a un kilómetro al igual que el barrio de La Flecha. Este punto fue la Capilla del Hospital de Indios de la Purísima Concepción, construida inicialmente con ramas de árboles y zacate en 1543, para luego utilizar la cal y canto en su definición arquitectónica, según lo establece el documento localizado en el Archivo Eclesiástico de Cocula: Estadística Eclesiástica y Descripción de Cocula, donde inclusive se menciona que el servicio religioso estaba en 1553 a cargo de Fray Vicente Santos Ortega.
Un dato por demás interesante es el que se encuentra en la obra titulada “La Provincia de Ávalos” escrita por Federico Munguía Cárdenas, en la página No. 47, presenta un mapa de la Provincia de Ávalos, dibujado por el Señor Leopoldo Anaya Díaz, donde menciona ya a San Martín de la Cal como parte integrante de este contexto geográfico, entre los años de 1524 a 1528, este mapa hace que se caiga en una contradicción con el Fundo Legal que establece su fundación en 1540.
Este pueblo refundado por los españoles, recibió el nombre de San Martín de la Cal, y la asignación del patrono se da de la siguiente manera:
“Juntos y congregados estos naturales ante el reverendo padre Fray Antonio de Bolonia (quizá deba ser Fray Miguel de Bolonia) de la Orden de los Predicadores Seráficos hicieron juramento solemne y con amor y respeto y reverencia recibieron por patrón de su pueblo, abogado y protector al bienaventurado San Martín Mártir Obispo, a quien celebrarán en su festividad y le rendirán culto y adoración el día 11 de noviembre de cada año, con grandes ceremonias de Iglesia y alegrías, ostentando sus bizarrías con vistosas danzas y galas, moros cabalgados y a pie, con repiques, tambores y chirimías de grandes aplausos, destruyendo los ídolos de su gentilidad.
Con respeto sumiso y humildad rindieron ese día culto y adoración a San Martín, ante el altar y tabernáculo, vertiendo lagrimas los caciques y pobladores”.
De acuerdo a la historia oficial se le menciona como tal a partir del 19 de Febrero de 1540, existe la evidencia respecto a su fundación española en lo que se conoce como Fundo Legal, sin embargo este documento presenta varias inconsistencias históricas que no hacen confiable la información que proporciona. Sin embargo al no tener otro documento que pueda mencionar lo contrario, se tomará este Fundo como el escrito de permanente referencia.
El mismo Fray Miguel de Bolonia promovió ante el Rey el manuscrito de fundación, firmándolo el soberano Carlos I de España y V de Alemania en Toledo, España, mencionado en la parte posterior de la foja No. 3 del referido escrito.
Otorgado dicho título, éste establecía lo siguiente:
“Yo el Visorrey (Don Antonio de Mendoza, Primer Virrey) de Nueva España en nombre de Su Majestad y de la Real Audiencia Gobernadora, del Supremo Gobierno de este reino, Cabildo y Regimiento dispusimos, ordenamos por Real Facultad que para ello tenemos, repartir y poner en posesión y propiedad de los indios de este Pueblo el terreno para un lugar Sagrado y Eclesiástico, para que en el edifiquen su Santa Iglesia, en que colocar y celebrar el oficio de la Santa Misa y el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, en el Altar y sus Santos Patrones San Martín y la Purísima Concepción de María Santísima, en la Iglesia del Hospital de Indios y el efecto de su ejecución, posesión y propiedad en cumplimiento de nuestros deberes. Señalamos la Tierra Santa en lugar alto, para que las Avenidas de las corrientes del Río no perjudiquen a su Santa Iglesia, en medio de los solares del Pueblo.
Mandamos medir del Sur al Norte doscientas varas cabales del Oriente al Poniente lo que señala libre una y otra calle. Este terreno es para su Santa Iglesia, Mayor de curaduria y su vicario, para su cementerio donde sepulten sus cabezas y además edifiquen la Santa Iglesia del Hospital de la Cofradía de Indios de La Purísima Concepción y lo que sobre del terreno, sin edificio es de la Santa Iglesia, y mandamos a las justicias que no les quiten este terreno que ocupan las Santas Iglesias y el cementerio y el sobrante a los indios de su posesión y propiedad porque son dueños perpetuos de la tierra, y no se fabriquen casas de ninguna especie, ni por los indios ni por los gobiernos, ni los curas de almas doctrineros tienen acción de vender, permutar o trocar, ello ni parte de ello. Y sus ornamentos y vasos sagrados y demás cosas de la propiedad de los indios, los tengan en su poder”
Para 1873, las autoridades municipales deciden trasladar el referido cementerio que se encontraba ubicado en el atrio del templo dedicado a la Purísima Concepción, mejor conocido como “La Conchita”, que había permanecido en ese sitio por más de 300 años, la razón de su nueva ubicación se debió a razones de salud, ante el crecimiento de la población. Se ubicó en el lugar donde actualmente lo encontramos y precisamente fueron las familias de los hacendados (Rosas y Vergara) los que iniciaron la construcción en el centro del nuevo camposanto lo que se conoce localmente como “El Catafalco”, un lugar donde se podía oficiar la Santa Misa y brindar los últimos servicios religiosos a las personas que serían sepultadas en éste nuevo lugar. Su construcción data de 1880 y tuvo a su cargo la obra el Sr. Simón Evangelista.
En lo que respecta al Templo de la Purísima Concepción el documento señala lo siguiente:
“El juez de medida, comisario y ejecutor de estas medidas, repartimientos, mercedes y composiciones de tierras, en conformidad con mi comisión y el Superintendente D. Cristóbal de Oñate, sus oidores y vocales de la Real Audiencia, mandamos se les mida a estos naturales del pueblo de San Martín un criadero de tierras para su Cofradía de Indios para hacer sus gastos anuales a la Purísima Concepción patrona y abogada de los habitantes de este pueblo, colocada en el Hospital donde se le rinda culto y veneración. Mandamos y ordenamos que su propiedad no pase a sus curas doctrineros, ni ayuntamientos ni fondos municipales.
Yo el Viso Rey, y la mi comisión, Cabildo y Regimiento dispusimos dar en este Título de Tierras la posesión para la propiedad de la Cofradía del Hospital de la Purísima Concepción a los indios, procediendo su primer medida de la esquina del terreno medido con 25 cuerdas al oriente de 50 varas cada una. Ahí se pone señal de mojonera. Corre la siguiente medida hacia el sur con 25 cuerdas y construimos una mojonera de cal y canto, llamada mojonera centro de este terreno de Cofradía de Indios.
Hoy día 25 del mes de marzo de 1543”.
Este dato es crucial porque nos señala el sitio geográfico de donde se va a partir para la repartición de tierras, así como el terreno que tendría la Cofradía de Indios, que para el presente trabajo es fundamental, como lo mencionaré un poco más adelante.
De esta manera inicia el proceso de catequesis que se llevará a cabo con los nuevos habitantes del imperio español, con la influencia tarasca en sus naturales resulta muy creíble que una de sus actividades más importantes fue el trabajo artesanal, caracterizado por la elaboración de imágenes utilizando la pasta de caña de maíz y la talla de madera, a consecuencia de ello comenzó la elaboración de figuras de Jesús Crucificado en cantidad bastante considerable que ocasionó que las familias tuvieran uno en cada casa o núcleo habitacional.
Los franciscanos no descuidaron el servicio asistencial religioso y permanentemente estuvieron supervisando el desarrollo evolutivo de esta comunidad, así lo demuestra la visita llevada a cabo el lunes 12 de enero de 1587, cuando se registra la primera crónica de San Martín a manos del español padre franciscano Fray Antonio Ponce, que en su visita describe al pueblo a través de su secretario Fray Antonio de Ciudad Real, “salió el padre comisario (…) y andadas dos leguas de buen camino y pasados dos arroyos, llegó a un pueblo de aquella guardianía llamado San Martín, donde fue muy bien recibido de los indios, los cuales le ofrecieron gallinas, codornices y plátanos y le hicieron mucha caridad. En uno de aquellos arroyos corre por junto a Cocula y el otro por junto a las casas de San Martín; hay en aquellas dos leguas algunas estancias de ganado mayor. Al siguiente día salió muy temprano de San Martín, cruzo el arroyo y dos leguas adelante llegó a un río que pasaba junto a una estancia, y al cruzarlo salió de la jurisdicción de nuestro interés”.
Los habitantes de San Martín iniciaron su adoctrinamiento siguiendo los métodos impuestos por los franciscanos y uno de ellos fue el encaminado a las imágenes, no iba dirigido al objeto material, sino a lo que representaba, surgen así las siguientes preguntas: ¿puede una imagen visible reproducir lo invisible? y ¿por qué fue relativamente sencillo que los indios adoptaran un nuevo pensamiento religioso?.
La orden franciscana al llevar a cabo la evangelización, tuvieron que ubicar la catequesis de tal manera que los indios pudieran acercarse a la religión católica colocando como centro del proceso el mensaje de la imagen y en este caso mostrada como el sacrificio del hombre que ya tenía un significado muy profundo en la visión de los indios, además de colocar a personajes bíblicos en una relación con la vida cotidiana de los nativos, lo explico de la siguiente manera:
La figura central de la evangelización fue Dios en esa trinidad conocida por todos y concretamente enfocando la persona del hijo (Jesús), dentro del catolicismo existen tres momentos fundamentales donde se convierte en figura central: su nacimiento (navidad), su muerte (pascua) y el pentecostés (el descenso del Espíritu Santo), de estos momento el que fue considerado para acercar a los indios al catolicismo fue el de la Pascua, cuando se conmemora su pasión y muerte. Aquí los franciscanos supieron hacer una lectura del medio geográfico y aprovecharon las condiciones naturales para consolidar un altar donde la figura de Jesús crucificado se convirtiera en el centro del mismo, trabajando ambas cosmovisiones, lo explico de la siguiente manera: el medio natural (árboles y plantas) fue utilizado para hacer referencia al sitio donde Jesús se acercó a su Padre en las oraciones que procedieron a la última cena llevada a cabo con sus apóstoles en el Huerto de Getsemaní; al momento de trasladarlo a la vida de los indios usaron ramas de jaral, sabino entre otras, para poder hacer la referencia del sitio tan importante donde se hace prisionero a Jesús para iniciar su viacrucis. La base del altar se coloca usando un petate, elemento importante en la vida del indio utilizado para dormir y también para amortajar a los muertos para darles sepultura; luego se coloca una cama de alfalfa que incluye hojas de roble, sauz, trébol y manzanilla, que hacen referencia al mismo Huerto y a su vez, los dos últimos serán utilizados para limpiar los cadáveres antes de ser sepultados, en el caso de Jesús esto ocurre de manera rápida por la necesidad de ser sepultado ante la tradición judía que impide sepultura después de la seis de la tarde del viernes y todo el sábado.
El uso de los nacidos, que son germinados de varias semillas como el alpiste, la chía, el trigo entre otros, que se siembran el viernes previo a la celebración del Viernes de Dolores que precede al Viernes Santo, es decir, quince días antes, esto representa la resurrección de Lázaro, porque precisamente a ese viernes se le conoce con este nombre, porque es la fecha cuando Jesús vence a la muerte y hace volver a la vida a este personaje. La naranja agria con clavos de olor se usa con la intención de que se absorban los olores que genera un cuerpo cuando se descompone y estás fueron utilizadas en el sepulcro de Jesús con lo cual se esperaba que no se concentrara un olor fuerte por la descomposición del mismo. La presencia de un Varón que toma el papel de José de Arimatea, personaje crucial en la vida de Jesús, miembro del Sanedrín y que solicitó el cuerpo para ser sepultado, no sin antes ser limpiado y aromatizado con el trébol y la manzanilla. Aquí se les pidió al propietario de la imagen que nombrara a una persona que representaría este papel y estaría a cargo del Cristo por el tiempo que el dueño lo quisiera. Este Varón se encarga de limpiar o “bañar” la imagen previo al tendido, simulando con ello el bautizo de Jesús realizado por Juan el Bautista en las aguas del río Jordán.
Se coloca una cruz, que es el símbolo más representativo de este momento con una tela blanca en forma de “M”, indicando la inicial del nombre de la madre de Jesús y a su vez simbolizando el sudario que amortajó su cuerpo, además se ubica a la Virgen María en la advocación de los Dolores que representa el sufrimiento y dolor por la muerte de su hijo. También se colocan peces haciendo referencia aquel momento tan importante cuando hace el milagro de la multiplicación del pan y los peces, en el Sermón de la Montaña. Los indios aromatizaban sus ceremonias con copal, mismo que se utiliza para aromatizar el altar y la ceremonia del tendido.
Un elemento que fortalece bastante la hipótesis de que esta fue la manera como se evangelizó a San Martín durante la Colonia, lo representa las palomas habaneras que son colocadas en los altares, en la historia oral se otorga diferente significado a la misma, se menciona que representa con su canto el dolor que la Virgen tiene por la muerte de su hijo, que el color oscuro señala ya el luto, sin embargo, revisando los catecismos pictográficos la paloma habanera representa el Espíritu Santo, esto le otorga un soporte muy sólido al proceso evangelizador llevado a cabo los franciscanos.