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Tumbas Olvidadas

El sol mostraba la plenitud del del verano, obligándome a refugiar mi andar en cualquier insignificante sobra, durante el trayecto toda mi atención fue robada por el inclemente calor de aquella tarde de junio, hasta que llegué al umbral de aquél sagrado lugar de descanso eterno, el panteón municipal; el calor se disipo entre las frescas sombras de los imponentes eucaliptos que tantas procesiones bañadas de llanto y tristeza habían visto desfilar bajo sus copas, el viento las mecía como arrullandolas produciendo un silbido que junto al cantar de algunas aves creaban un efecto tranquilizador, inmerso en aquella escena entré al descanso, ahí la tranquilidad se esfumó como niebla de invierno al salir el sol, una mezcla de sentimientos empujados por los recuerdos comenzaron a inundar mi razón, tras un modesto intento logré disiparlos, avancé a grandes zancadas por el corredor principal adornado de adoquín rojo, leyendo nombres y epitafios al azar de las silenciosos sepulcros; llegué por fin al lugar que buscaba, donde comenzó a escribirse la historia de aquél lúgubre lugar corriendo el año de 1876; las primeras tumbas y el mausoleo, conocido también como catafalco, que se remontan a la época de Don Porfirio Díaz, que a pesar del tiempo y el olvido orgullosas siguen erguidas, gritando a todos su esplendor pasado y lo aberrante de su presente.
Ahora ni siquiera puedo imaginar que antes de ésa remota fecha (1876) el panteón pudiera haber estado en el corazón de nuestro querido pueblo en la Conchita para ser preciso, que en aquél lejano entonces también funcionaba como "Hospital de Indios".
No son los ultrajes del tiempo los que en ellas han causado estragos, ha sido la indiferencia del hombre lo que en realidad las daña.

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Lic. José Guadalupe Garibay


Agradecimiento especial a la Mtra. Eréndira Guerrero Medina por el apoyo brindado

LA CRUZ VERDE 

Tras unos cuantos pasos llegué a ése pequeño lugar enclavado al borde del río, tan común y ordinario que tímidamente apenas susurra su presencia, sin reclamar haber dado nombre al barrio entero; en espera de revelar su olvidado pasado. Aquél caluroso día de principios de mayo teniendo la vieja y pesada Cruz de corazón de mezquite en mis manos, vi como el paso del tiempo ha hecho estragos sobre la verde reliquia de la que ni siquiera sabía su procedencia, edad y mucho menos quién y porqué razón la colocó en ése preciso lugar. Visité las personas adecuadas que por su edad deberían dar respuesta a las preguntas planteadas. La primera de ellas trató sobre la fecha en que fue colocada la Cruz; a pesar de que los interrogados rondaban entre los 70 y 80 años de edad, ninguno conocía con precisión el dato, se limitaron a decir "desde que recuerdo está ahí", respuesta que se repitió, palabras nas palabras menos, en cada uno como si se hubiesen puesto de acuerdo entre sí para respinder. 
Una pregunta mas fue sobre quién la colocó ahí en ése lugar.

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El misticismo que rodea su origen comenzó a revelarse tras haber recogido el único testimonio sobre el el hombre que colocó la Cruz: Don Chuy uno de los vecinos mas longevos del barrio con 95 años de edad. Apenado pero con el firme propósito de obtener respuestas, me asomé por la puerta entreabierta, la luz diurna ya comenza a ceder ante las sombras proyectadas por la noche que inminente amenazaba con su llegada, el ruido de su televisor se convirtió en una molesta barrera para nuestra charla, aún así, comenzó a contar de manera lúcida su versión sobre la Cruz; "tengo 95 años y desde niño recuerdo la Cruz", dijo en voz alta Don Chuy al tiempo que perdía la mirada como viendo a través de la barda situada ante él, para forzar los recuerdos, continuó su relato, "el puente era de tablitas, la Cruz estaba expuesta a la intemperie montada sobre un pretilito", me contaba sin despegar la vista de la barda y moviendo las manos tratando de dibujar en el aire aquello que me describía; "se contaba que un Cristero fue quien puso la Cruz al borde del río", concluyó Don Chuy desviando la mirada hacia mí. Quise preguntar por el nombre de aquel Cristero, pero un pensamiento me detuvo, de saberlo me lo diría, agradecí y salí de su casa ya con la noche a cuestas pensando en la siguiente pregunta, sabía quién podía responderla.

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Eran mas de las 10:00 de la noche, sabía que en cualquier momento llegaría Don José, conocido entre los vecinos como "el pluma", con quien últimamente pasaba horas sentado en la banqueta frente a la tienda mas concurrida del barrio, él me contaba relatos de su juventud, se quejaba de los achaques propios de su edad, de su soledad y uno que otro acontecimiento actual; conversar con aquél hombre de figura cansada y voz queda volvía lento el paso del tiempo. Las 10:30 y aún no aparecía, a punto de irme, eché la última mirada, de entre la oscuridad que se forma de una lámpara a otra vi salir una silueta encorbada y de andar pausado, su antiguo sombrero y el ruido de sus desgastadas botas de trabajo anunciaron su presencia. Tomó asiento en el mismo lugar de siempre, comentó sobre el insoportable calor del día y lo fresco de la noche; mis ansias lo interrumpieron: ¿qué sabes de la Cruz? Pregunté insistente; hubo un momento de silencio, sabía que en algún lugar de sus vastos recuerdos estaba la escurridiza respuesta que buscaba, tomó aliento y comenzó: "cuando mi padre me trajo a vivir para acá ya estaba la Cruz, tenía 6 años, no se velaba ni se celebraba la misa allá donde está, se traía a ésa esquina -señalando donde hoy está una construcción de 2 pisos con tienda en la planta baja-", nuevamente interrupí sus palabras para preguntar la razón del por qué la pusieron ahí, "se dicen muchas cosas -prosiguió su relato con molestia por haberlo interrumpido- unos dicen que se aparecía el ánima de una Señora por el río y por éso la pusieron, otros dicen que antes de poner la Cruz el río se desbordaba por las grandes crecidas y después de ponerla las crecidas ya no fueron grandes como antes", al decir esto, sin mas, trabajosamente se puso en pie y se fue sin despedirse como era su costumbre 
La historia de la Cruz es una de muchas pérdidas en el tiempo, hoy solo podemos conformanos con relatos que muestran detalles de su presencia; así como ella en lo vasto nuestro municipio existen reliquias del pasado a punto de perderse en el olvido, de las que se sabe poco o nada.

Lic. José Guadalupe Garibay

Tendido de Cristos 2026

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